🎥 Fresa y chocolate: una Cuba atrapada en doctrinas
1. Una
película adelantada a su tiempo
Fresa y chocolate (1993), dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, no es solo una joya del cine cubano: es una obra valiente, profundamente humana y políticamente incómoda. Ambientada en la Cuba de los años 70, la película narra la improbable amistad entre David, un joven comunista universitario, y Diego, un artista homosexual, culto y disidente. A través de ellos, se confrontan dos visiones del mundo: una rígida, dogmática y oficialista; la otra libre, crítica y profundamente sensible. Desde el punto de vista cinematográfico, la película destaca por su guion inteligente, su ritmo contenido y sus actuaciones memorables, especialmente la de Jorge Peregurría como Diego. La dirección logra equilibrar el drama con momentos de humor sutil, sin perder nunca la carga emocional ni el trasfondo político.
2. Problemas que no se han ido
Lo más doloroso de Fresa y chocolate es que, más de 30 años después, los problemas que denuncia siguen vivos en la sociedad cubana. La homofobia institucional, el rechazo a la diferencia, la vigilancia ideológica, la censura cultural y el miedo a pensar distinto no son solo parte del pasado: son heridas abiertas que aún marcan a generaciones enteras. La película expone con claridad cómo el sistema cubano ha moldeado identidades a través del miedo, la exclusión y la represión. Diego no es solo un personaje: es un símbolo de todos aquellos que han sido marginados por no encajar en el molde oficial. Y David representa a quienes, atrapados en la doctrina, comienzan a cuestionar lo que les enseñaron a creer.
3. Una
Cuba que no avanza
Ver Fresa y chocolate hoy es enfrentarse a una verdad incómoda: la Cuba que retrata no ha cambiado como debería. El retraso no es solo económico o tecnológico, sino profundamente humano. Mientras el mundo avanza hacia la diversidad, la inclusión y el pensamiento crítico, Cuba sigue atrapada en discursos del pasado, donde la diferencia aún se castiga y la libertad se teme.
❓ Una pregunta para cerrar
¿Hasta qué punto somos cómplices del estancamiento cuando
normalizamos lo que Fresa y chocolate ya denunciaba hace décadas?
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